Me quedo con la calma, con las noches tranquilas, pero también con las que tienen insomnio por pensar en esta cita que no quería que terminara.
Renuncio a la probabilidad, porque la vida es demasiado corta para dejarlo todo a la suerte.
Me quedo con las mariposas que terminaron siendo luciérnagas porque llenaron de luz mi interior aunque la oscuridad a veces caía sobre mí.
Renuncio al "ya veremos" o al "déjame pensarlo" o al "no sé" porque en un parpadeo la vida avanza muchas casillas sin darnos cuenta.
Me quedo con los poemas, con las palabras que arrancan suspiros, con los deseos que pido aún sin velas de cumpleaños porque sé que todo puede ser posible.
Renuncio a fingir que todo está bien cuando mi alma grita, porque he aprendido que estar mal es necesario para crecer y florecer.
Me quedo con los recuerdos pero sin el dolor de lo que ya no es, sino con el agradecimiento de que lo viví, confiando en que el camino se pondrá mejor.
Renuncio a dudar, a no considerarme suficiente o creer que hay algo en mí que no está a la altura.
Me quedo con los abrazos que sostienen, que te hacen saber que no estarás sola nunca, que son tan sentidos que los latidos se sincronizan.
Renuncio a ser un mientras tanto cuando tengo la certeza de quién soy y qué puedo ofrecer.
Me quedo con quien quiere quedarse, con quien me siento en calma, con quienes tranquilizan mis pensamientos acelerados y me hacen tener certeza de un mejor mañana.

Siempre se agradece cuando dejas ver tu corazón tan puro y tu forma tan natural de fluir, gracias siempre por mostrar la sencillez en vivir.
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